Los diferentes escenarios posibles después de las elecciones del 6D

El Universal- 02 de diciembre de 2015.

En manos de quienes obtengan la mayoría del Parlamento, de 167 escaños, recaerá el poder con el que se podría amenazar o consolidar la llamada revolución bolivariana

Las elecciones de la Asamblea Nacional (AN) del próximo domingo pueden poner sobre la mesa diferentes escenarios, algunos de los cuales podrían cambiar la dinámica política del país tal como se conoce en los últimos 15 años.

En manos de quienes obtengan la mayoría del Parlamento, de 167 escaños, recaerá el poder con el que se podría amenazar o consolidar la llamada revolución bolivariana, el proyecto político ideado por el fallecido Hugo Chávez, y liderado ahora por su hijo político, el presidente Nicolás Maduro.

Al margen de algunas listas independientes, en la liza compiten principalmente dos claros bandos. De un lado los opositores, ansiosos por hacerse un espacio dentro del poder y generar cambios políticos, pero que no han logrado mayores victorias desde que el chavismo llegó al poder en 1999.

Del otro lado, los oficialistas, que desde que este órgano legislador se creó en 2000, tras un proceso constituyente convocado por Chávez y que disolvió el antiguo Congreso, han impulsado desde allí todo su respaldo al Ejecutivo, que no conoce una Cámara en la que no ejerza la mayoría.

El abogado constitucionalista Hermánn Escarrá explicó que el de Venezuela no es exactamente un sistema parlamentario “pero tampoco es un presidencialismo exacerbado”, justamente porque “tiene un sistema de controles, de competencia y atribuciones muy fuertes” en el poder legislativo y de ahí la importancia de estos comicios.

En un primer escenario, si la oposición obtuviera la mayoría simple, que implica la mitad más uno de los 167 diputados, es decir 84 escaños, podría designar la junta directiva de la cámara, que tomará posesión el 5 de enero de 2016, y de la que nunca ha formado parte.

Es precisamente con esta mayoría que la oposición podría aprobar una ley de amnistía que extinguiría la responsabilidad penal que pesa sobre varios opositores presos, entre ellos el líder de Voluntad Popular, Leopoldo López, condenado a casi 14 años de prisión tras las protestas de febrero de 2014.

Asimismo, podría autorizar al Tribunal Supremo (TSJ) el enjuiciamiento del primer mandatario, así como proponer un voto de censura al vicepresidente ejecutivo y a los ministros, planes estos últimos que ya ha dicho tener en su agenda la alianza opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

Con mayoría simple también se puede designar a los magistrados del TSJ, al fiscal general, al contralor y, en algunos casos, al defensor del Pueblo, aunque, estos cargos ya han sido elegidos recientemente y su remoción solo sería posible si antes hubiera una solicitud expresa del alto tribunal.

El segundo escenario es el de lograr los tres quintos de los escaños, o una mayoría calificada de 100 diputados, que permitiría aprobar un voto de censura del vicepresidente y los ministros, lo que implicaría su destitución.

El tercer escenario, el que confiere mayor poder, sería la mayoría de dos tercios de los asientos, o 111 diputados, con los que podrían llevarse a referendo aprobatorio los proyectos de ley, los tratados, convenios o acuerdos internacionales.

Esa mayoría permite igualmente destituir a los magistrados, en el caso de que cometieran faltas graves que fueran calificadas previamente por el Poder Ciudadano (integrado por el fiscal, el defensor del pueblo y el contralor).

El chavismo, que ya ha gozado de todos estos poderes, especialmente en este último periodo con la mayoría calificada de tres quintos, espera alcanzar al menos una mayoría simple para poder mantener el orden como hasta ahora.

Con esa cuota de respaldo podrían seguir aprobando los créditos adicionales con los que el Ejecutivo cumple buena parte de sus programas sociales y que, por lo general, representan alrededor de 50 % del presupuesto de la nación.

De lo contrario, cabría aún otro hipotético escenario que sería usar la actual mayoría de 100 diputados oficialistas para que el Parlamento apruebe poderes habilitantes al presidente antes de que se constituya el nuevo, lo que le permitiría dictar leyes y decretos sin necesidad de que esos instrumentos pasen por la Cámara por hasta un plazo de año y medio.

Este paso tendría que concretarse antes del 4 de enero, el último día en el que el actual Parlamento está autorizado para aprobar leyes.

Esta opción, sin embargo, puede ser derogada por la mayoría que constituya el nuevo Parlamento al día siguiente de su toma de posesión.

Escarrá, que formó parte del equipo constituyente que elaboró la actual Carta Magna venezolana en 1999, señala que aunque “todos los poderes son importantes sin lugar a dudas, este -el legislativo- es un poder especialísimo de la democracia”.

Respecto al referendo revocatorio del mandato presidencial -una opción dejada entrever por algunos opositores-, el jurista precisó que solo sería posible con la decisión popular y no a través de una iniciativa legislativa.

En cambio, sí “podría iniciar el juicio político, o podría iniciar el proceso de vejación constitucional, que es lo que llamamos aquí en Latinoamérica el abandono constitucional del cargo”, explicó.

 

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Entender la influencia cristiana

Autor: Miguel Rodríguez Torres

Entender la influencia cristiana en una revolución requiere un esfuerzo importante en el estudio del legado de Jesús, de la razón de su humanización y las interpretaciones que se han desarrollado con el paso del tiempo sobre tal fenómeno histórico, humano y divino.
La espiritualidad cristiana tradicional, por efecto de muchos estudiosos y teólogos que en siglos han tratado de descifrar el mensaje y la intencionalidad de Dios, esta signada por una visión apocalíptica de la vida, por la renuncia, el sufrimiento, la autoflagelación con miras a alcanzar la vida eterna. Ejemplo de esto lo encontramos en Tomas de Kempis, autor de la Imitación de Cristo, donde señala:
“…Si hubiera algo mejor y más útil, para el hombre, que sufrir, Jesucristo nos lo hubiera enseñado con sus palabras y su ejemplo…”
Tal afirmación ha sido tomada por sectores escépticos, defensores de la inmanencia y la inexistencia de la trascendencia, para descalificar al cristianismo y hacerlo ver como una religión arcaica, signada por un Dios que pide sangre, sufrimiento y sacrificio humano permanente para satisfacer su necesidad sádica de dolor.
Así fue interpretada en otros procesos revolucionarios del mundo, donde convirtieron los templos hasta en baños públicos, persiguieron a los cristianos, abolieron las religiones para tratar de convencer al mundo de que el ser humano es bueno y es la sociedad quien lo daña, que sus valores, buenos o malos, proceden exclusivamente de su condición de ser humano y no tienen relación alguna con la existencia espiritual. Tal enseñanza se hizo dogma, y asumió posición en el otro extremo de la espiritualidad tradicional.
De ambos extremos me deslindo y busco una interpretación más racional (dado que dicha racionalidad me la dio Dios mismo) de Dios y su encarnación Jesucristo. Lo tradicional pone el peso máximo a la crucifixión, a la muerte de Cristo, en este escrito daremos un rol fundamental a la encarnación, a la presencia de Dios hecho hombre en la tierra y su mensaje, acompañado de una acción permanente, coherente y dirigida fundamentalmente a los más necesitados, los más pobres, los excluidos de todos los tiempos.
Dice José Catillo en su libro espiritualidad para insatisfechos: “Ahora bien, esto significa que la fe cristiana es no solo fe en Dios y adhesión incondicional a Dios. No solo fe en Cristo y adhesión incondicional a Cristo. Además de todo eso e inseparablemente de todo eso, la fe cristiana es, con el mismo derecho y la misma exigencia, fe en lo humano y adhesión incondicional a lo humano”.
De tan extraordinaria interpretación que no niega, que no excluye, sino que suma, integra y abre las puertas de una visión humanizante y mucho más atractiva a los seres humanos, se asume en nuestra revolución una espiritualidad cristiana que debe orientar permanente y éticamente nuestro accionar.
Así vista nuestra espiritualidad, estamos obligados a entender que el poder no es más que una herramienta de servicio al ser humano en comunidad, que no puede acercarse al atropello, la violación de derechos humanos y mucho menos hacia quienes están más lejos del poder: los pobres. Asumiendo como primer dogma de nuestra fe que no puede encontrar a Dios quien cause sufrimiento a sus iguales.
El Cmte. Chávez siempre actuó en este marco de servicio al más pobre, asumiendo el ejemplo eterno de Jesús y viviendo la espiritualidad desde una visión no religiosa, autentica y activa en el uso del poder para humanizar al máximo a quienes siempre estuvieron casi en la deshumanización.
Vemos así como se erradicó el analfabetismo, que no es más que la indiferencia de quienes siempre necesitan de la ignorancia para su beneficio, elevó de manera exponencial la matricula escolar, entendiendo y asumiendo que no es la lucha armada el catalizador ideal de la revolución sino la educación, mejoró los niveles de alimentación de aquellos que comían una vez al día y hasta menos, dignificó a millones de seres humanos con un techo para vivir, en fin, humanizó, cristianizó nuestra revolución bolivariana.
De modo pues que veamos el cristianismo no como un camino de sufrimiento, negación y dolor sino como el verdadero camino de alegría, amor al género humano (en su máxima representación, Jesús), de servicio a la comunidad y como dice Castillo: “los seres humanos encontramos a Dios en la medida, y solo en la medida, en que defendemos la vida, respetamos la vida y dignificamos la vida”.
Dios no quiere que suframos, solo acepta el sufrimiento que proviene de nuestras angustias y mortificaciones por quienes tienen más necesidades que nosotros.