Hablar de Dios en un proceso revolucionario

Autor Miguel Rodríguez Torres

Hablar de Dios en un proceso revolucionario cuyo fin es alcanzar el socialismo, es un verdadero reto y nos abre la posibilidad de un debate infinito y a veces infructuoso. Sin embargo, la fe, cuando es honesta y vivida, mantiene al ser humano en una actitud positiva y propositiva que permite enfrentar cualquier diferencia sin caer en la descalificación ni mucho menos en la agresión. La fortaleza que da la fe es tan poderosa como la fe misma. Si la fe nos permite creer en algo que no vemos, sin duda alguna nos hará enfrentar con éxito lo que desconocemos o aquello de lo que no tenemos certeza. Inclusive, este es un principio vital en el desarrollo del liderazgo en tiempos de incertidumbre, dado que la fe te lleva a mantener una actitud positiva que hace efectivo tu liderazgo y te permite desarrollar una perspectiva correcta de la vida.
Las sociedades en el mundo han creado permanentemente marcos valorativos y normativos para regular las relaciones entre los múltiples actores sociales que permanentemente interactúan en ella y que, sin duda alguna, desarrollan visiones distintas sobre los diversos fenómenos, movidos entre otras cosas por aquello de las percepciones, que logra diversas interpretaciones de un mismo fenómeno. Ahora, más allá de los códigos de conducta hechos por el hombre, hay uno de origen divino que luego de miles de años aún sigue estando vigente: LOS DIEZ MANDAMIENTOS. Bastaría hacer un ejercicio de imaginación sobre lo que ocurriría en la tierra si se cumplieran con severidad estos mandamientos, estaríamos en presencia del paraíso ofrecido por Dios. A veces pienso que ese paraíso que él nos ofreció, es la misma tierra, nuestra tierra, que debimos esforzarnos a través del cumplimiento de sus mandamientos en construir ese paraíso, en hacerlo realidad. Nos dio los instrumentos, los marcos referenciales: los mandamientos y el libre albedrio y, para complemento, para consolidar el mensaje, nos envió a Jesús.
Las religiones son en si misma un marco referencial de comportamiento, dado sus códigos establecidos en los diferentes libros que sirven de sustento a su predica como la Biblia para los cristianos, La Tora para los Judíos, El Corán para los Musulmanes. En los nombrados se resume la creencia y el mensaje de las cuatro grandes religiones monoteístas que hacen vida en Venezuela: Católicos, Protestantes, Judíos y Musulmanes.
Las cuatro religiones se originan todas en un mismo espacio geográfico y más o menos en un mismo tiempo histórico y tienen un factor común: DIOS, el creador del cielo y la tierra, el creador de todo lo visible e invisible, aquel al que debemos la vida y que en mi creencia, se humanizo en el cuerpo de Jesús para presentase ante nosotros y darnos de primera mano su mensaje que sin duda se centra en el AMOR, LA VERDAD y LA ESPERANZA de una vida eterna, vida que es uno de los más discutidos misterios divinos: ¿cómo es esa vida? ¿Cómo alcanzarla? ¿Dónde queda eso que llamamos cielo? En fin, una serie de interrogantes que por siglos han sido el centro de un gran debate universal y que yo en lo particular trato en mis momentos de oración y de reflexión de interpretar. Suelo no entrar en discusiones al respecto por lo difícil que puede ser, ante tal misterio solo me aferro a mi fe, al sentir de Dios en mi corazón y, a la esperanza del cumplimiento de la palabra de quien nos creo.
La venida de Jesús a la tierra como encarnación pura de Dios fue la manera para que su palabra llegara directamente al ser humano, entendiendo que era muy difícil hacernos creer sin poder ver una manifestación palpable de su poder, por eso, Jesús hizo múltiples milagros, sanó enfermos, perdonó pecados carnales, camino sobre las aguas, y lo más extraordinario, venció en dos oportunidades a la muerte, reviviendo a Lázaro y luego en su propia resurrección al tercer día de su crucifixión.
A pesar de tales manifestaciones que hoy dejarían sin habla hasta al más incrédulo, muchos de su época equivocaron el mensaje, lo valoraron como un simple líder político capaz de librar a los judíos del yugo Romano, otros, vieron con incredulidad su actuación e hicieron oídos sordos a su mensaje y los que vieron en el una amenaza a su poder terrenal, a los paradigmas de la época, no dudaron en complotar hasta acabar su vida en la cruz, con una muerte humillante y dolorosa. Con ese tipo de muerte no solo intentaron desaparecer su vida humana, sino de acabar con su nombre, con su legado de amor, igualdad y paz, y es allí donde su poder se hizo sentir, no solo al resucitar a los tres días sino al mantener cada día más vivo su legado de amor 2014 años después.
Ningún líder religioso, político, militar, social ni empresarial ha logrado semejante hazaña, ni mucho menos haber sumado a su causa a tantas almas en el mundo.
No hay un pasaje en la Biblia que disponga que el ser humano deba crear una religión en específico, que se organice una Iglesia Católica o Musulmana, o una Iglesia Presbiteriana o Judía, en fin, no le pone nombre a su palabra. Dios ordena que vayamos a predicar a todas las naciones, y viene la pregunta ¿a predicar qué? Particularmente creo que la predica debe nacer del estudio de las propias palabras de Jesús, de sus sermones, de sus oraciones y sobre todo del análisis descarnado de su acción, de sus actuaciones mientras estuvo en la tierra.
De todo ese legado se desprende un mensaje indubitable de amor al género humano, de predilección por los más necesitados, de un desprendimiento consciente, de la necesidad de forjar nuestro pase a la vida eterna, de motivar con la palabra y convencer con el ejemplo.
Por estas razones, yo me declaro un Jesuita, no por militar en la orden católica que lleva ese nombre, sino por ser un cristiano defensor del legado de Dios a través de Jesús, y pongo siempre en manos de mi creador las decisiones más difíciles que me corresponde tomar, las más controversiales y riesgosas, sabiendo que mi conexión consciente con Él, mi alma depositada en mi cerebro como traductor divino de mi conexión celestial, siempre tendrán la respuesta correcta en el momento oportuno. De eso puedo dar fe con experiencias complejas que me ha tocado vivir.
Son muchas las experiencias y enseñanzas de Jesús que hoy me ayudan a recorrer este mundo tóxico que por su voluntad me ha correspondido transitar. El trabajo diario por la paz, contra todas las manifestaciones de violencia en nuestra sociedad, el encuentro permanente con una realidad social que ha sido permeada por el culto a las armas, a la droga y a la imposición del más fuerte a la hora de dirimir diferencias, la corrupción como modus vivendis y el engaño como manera de comunicarse entre humanos, son manifestaciones que a diario corresponde enfrentar y pedir sabiduría permanente para poder aportar un poco a la vacuna social necesaria para desmontar semejante escenario.
Entre los componentes de esa vacuna yo he priorizado algunos que considero letales contra el mal (habiendo estudiado la actuación de Jesús en la tierra): EL AMOR MULTIDIRECCIONAL, MULTIDIMENSIONAL, ABSOLUTO. LA FE EN DIOS, CIEGA Y GENERADORA DE PAZ, LA ESPERANZA QUE JUNTO A LA FE MANTIENE AL SER HUMANO EN LA ACTITUD CORRECTA Y EL PERDÓN, FUENTE DE DEPURACIÓN ESPIRITUAL Y CRECIMIENTO DEL ALMA.

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