Opinión Pública: Periodismo y Libertad de Expresión

Opinión Pública: Periodismo y Libertad de Expresión

La Opinión Pública, es nombre que recibe la expresión del juicio colectivo, como resultado de una interacción psíquica.

Las buenas costumbres, los juicios de valor, la voluntad popular, los usos y costumbres, el sentido común, el buen sentido, entre otros, todo ello está involucrado dentro del vocablo Opinión Pública. Esta se da en formas reales y aparentes. Una de las más conocidas instituciones de la Opinión Pública y la más típica es la prensa, que debe ser una realidad no manejada por el Estado, para que pueda recibir el significado de prensa libre. Porque aun cuando se pueda decir que la expresión periodística corresponde a las diferentes manifestaciones de personas profesionales en su ejercicio, se evidencia que el verdadero periodista busca dirigir y orientar con sus juicios y comentarios publicados en forma escrita o hablada (la radio y la televisión), así como proporcionar la materia para que se pueda formar con informaciones veraces un criterio público sanamente establecido.

La fuerza de la verdadera Opinión Pública es indiscutible y se fija con expresiones de vigencia permanente; como las creencias y las costumbres sociales, los juicios estimativos, las tradiciones, y otras. El campo político nos ofrece gobiernos de fuerza y gobiernos de opinión; aquellos se manifiestan comúnmente altivos y arrogantes, con marcada prepotencia sobre lo que pueda pensar el pueblo de sus actuaciones; éstos son  los que comúnmente se conocen como gobiernos democráticos, que cuidan la proyección de su imagen ante la aceptación  popular.

La opinión pública, nos dice Adolfo Menzel, puede ser considerada desde dos puntos de vistas diferentes: como fenómeno psíquico de las masas y como poder social. En el primer caso, la opinión pública supone una tendencia a la uniformidad en el pensamiento dentro de un grupo amplio, en lo que afecta a los asuntos de la vida pública. Existe aquí, pues, una especie de espíritu colectivo, semejante al que encuentra su expresión en la llamada “alma de masas”.

Habría, por lo tanto, que asignar a la opinión pública un lugar dentro de la psicología social. Pero se trata también de describir los factores sociales que dan lugar a ella, explicando los efectos que produce, sobre todos los fenómenos de poder que se manifiestan especialmente en la vida política, en la que surgen interrelaciones y agrupaciones que dependen, para su coexistencia de la Opinión Pública.

Este tema es muy interesante en el campo de la política, ya que el Libertador se preocupaba por cuanto las personas expresaban en torno al gobierno y a su comportamiento personal. Una de las primeras manifestaciones presentadas por Bolívar, acerca de la importancia de la Opinión Pública la expresa en 1817 en Carta a Lino de Clemente y a Don Pedro Gual; a ellos les dice:

“La opinión pública cambiada absolutamente a nuestro favor, vale aún más que los ejércitos. Esta feliz mutación nos ha puesto en estado de contar con grandes medios para procurarnos objetivos militares…”

Para él, sagaz observador, nunca fue un secreto que la perdida de la República, en las dos oportunidades en que estuvieron actuantes, se debió en buena proporción a la especial inteligencia que tuvieron  los jefes realistas de hacer ver al enemigo republicano contrario a los intereses del pueblo, mediante manipulaciones constantes que hacían entre las gentes, tergiversando las noticias y representándose superiores a las masas patriotas. Por ello, él estuvo pendiente de la prensa: ésta constituyó el medio más fácil para propagar todas las ideas acerca de la Revolución Americana: él, que conocía el valor de esa opinión, influenciada por la publicaciones, dio facilidades para que se establecieran medios de comunicación e incluso él mismo fue fundador de uno muy importante: “El Correo del Orinoco”.

La valía que el Libertador tenia de la Opinión Pública en su medio más eficaz, la prensa, le llevó en varias oportunidades a expresarse muy favorablemente sobre ésta. Así en un mensaje dirigido a un destacado político, le dice:

…La opinión pública  es el objeto más sagrado que llama la atención de V.E.: ella ha menester la protección de un gobierno ilustrado, que conoce que la opinión pública ha preservado Atenas, su libertad del Asia entera. Por la opinión incluye Inglaterra en todos los gobiernos….”

 Justamente por esa importancia que él reconocía en la Opinión Pública fue por lo que decidió a traer la imprenta a Angostura. Así le escribía a Fernando Peñalver, en 1817:

“Mándeme usted, sobre todo, de un modo o de otro la imprenta que es tan útil como los pertrechos…”

Sabía perfectamente, y lo repetía a menudo, que la primera de todas las fuerzas era la opinión pública: como lo declaro públicamente en el Congreso de Angostura, durante su famoso discurso. Por ello, en 1823 se llena de euforia cuando al leer los periódicos de la época, encontraba en ellos buena acogida hacia el gobierno y así lo manifiesta al Vice-Presidente Santander al escribirle:

“…He visto los papeles públicos; todo anuncia que prosperamos, que España decae, que la opinión pública se mejora en todas direcciones, internas y externas. Me parece que la libertad de imprenta, que tanto nos ha molestado con su amarga censura, al fin nos ha de servir al triunfo…”

Por esa causa es partidario de fundar gacetas (nombre con que se conocían en aquellos tiempos a los periódicos). Así fundó el Eco del Orinoco, con versión en inglés. Pero también se dedica a aconsejar a los responsables de las publicaciones, para que mejorasen la prensa a su cuidado para la difusión. Esta es la manera como trata de que se mejore “LA Gaceta”, periódico bogotano, lo mismo que “El Correo de Bogotá”. Sobre publicación manifiesta:

 

“Tiene cosas admirables, me divierte infinito, no tiene más defectos que su monotonía de las cartas; parece una correspondencia interceptada. Dígale usted al redactor que anuncie al público que no dará más los artículos remitidos en forma de cartas, sino que los encabezará con título de su contenido…”

 

Con esas directrices sobre los que debería ser un periódico, Bolívar se puso a la altura del periodismo moderno.

Conocía a la perfección la acción e influencia moralizadora de la prensa. Sabía perfectamente que ella era la mejor supervisora y contadora de los actos de los ciudadanos, especialmente aquellos que ocupan cargos públicos. Eso lo sabe perfectamente el Libertador cuando le escribía al Presidente Unanue, en Buenos Aires:

“La mayor parte de los agentes del gobierno le roban su sangre, y esto debe gritarse en los papeles públicos y en todas partes…”…”Los amos de las minas, los dueños de los andes de plata y oro, están pidiendo millones prestados para mal pagar a sus pequeños ejércitos y a su miserable administración. Que se diga todo esto al pueblo y que se declame fuertemente contra nuestros abusos y nuestra inepcia, para que no se diga que el gobierno ampara el abominable sistema que nos arruina. Que se declame, digo, en la “Gaceta del Gobierno” contra nuestros abusos; y se presenten cuadros que hieran a la imaginación de los ciudadanos”.

 

En su acción moralizadora, utilizando la prensa, unas veces es Bolívar el magistrado que publica las directrices a tomar para sanear la administración pública; otras veces, es el periodista que escribe sus opiniones sobre diferentes tópicos con la finalidad de orientar a los ciudadanos y alertarlos sobre las cuestiones más importantes de la actualidad que se vivía en el momento.

“Las enseñanzas de Bolívar –Dice Luis Beltrán Prieto Figueroa

, las ideas sobre recta administración pública, sobre pulcritud en el manejo de los fondos públicos, es una lección de permanente actualidad.  Su magisterio  pide actualización permanente. No se trata de aplicar la pena de muerte física, sino una muerte civil y la condena pública pronunciada por un pueblo de elevado espíritu cívico y de conducta moral intachable, que es el único juez inexorable, capaz de sepultar entre el oprobio a los funcionarios deshonestos”.

Prieto Figueroa Luis B. “El Magisterio Americano de Bolívar”; págs. 109 a 111

 

La posición del Libertador Bolívar sobre la importancia de la Opinión Pública, revelada en los periódicos de la época y su preocupación por difundir y aupar la buena prensa , en su función de informar objetivamente, lo coloca en un alto nivel en el trabajo de pedagogía del periodismo. Esto es dejar ver en todo cuanto realiza a favor de la prensa: hablando, escribiendo, orientando, dando a publicidad todo cuanto se refería al trabajo de fundar en bases inconmovibles de la República. No solamente, en este excelente trabajo de maestro, funda periódicos, redacta noticias y da directrices sobre formato y contenido de las llamadas gacetas, sino que, con avanzado conocimiento de lo que debe ser la noticia ágil, aconseja sobre títulos y contenidos de cada artículo.

La Gaceta de Lima, La Gaceta de Caracas, La Gaceta de Guayaquil, El Patriota de Guayaquil, El Centinela, El Colombiano, El Reconciliador y muchas otras publicaciones de su época, recibieron orientaciones, criticas, consejos, informaciones, etc.

En su función de orientador es insistente en mejorar la calidad  en la presentación de las noticias e insiste que haya más fuerza en lo que se publique relacionado con la libertad de América.

Cuando desmiente noticias falsas o tergiversadas, como sucedía con lo que publicaba el boletín de Puerto Rico, explica que las expresiones de la prensa deben ser siempre “dignas y elegantes: para la sátira más cruel se necesita nobleza y propiedad como para el elogio más subido…”

En la oportunidad su Mensaje al Congreso Constituyente de Colombia, reunido en Bogotá en los primeros meses de 1830, enfatiza:

“…Todos pueden y están obligados a someter sus opiniones, sus temores y deseos a los que hemos constituidos para curar la sociedad enferma de turbación y flaqueza. Sólo yo estoy privado de ejercer  esta función cívica, porque habiéndonos convocado y señalado vuestras atribuciones, no me es permitido influir de modo alguno en vuestros consejos. Además de que sería importuno repetir a los escogidos del pueblo lo que Colombia publica con caracteres de sangre. Mi único deber se reduce a someterme sin restricción al código y magistrados que nos deis; y es mi única  aspiración el que la voluntad de los pueblos sea proclamada, respetada y cumplida por los delegados”.

“Con este objeto, dispuse lo conveniente para que pudiesen todos los pueblos manifestar sus opiniones con plena libertad y seguridad, sin otros límites que los que debían prescribir el orden y la moderación. Así se ha verificado, y vosotros encontrareis en las peticiones que se someterán a vuestra consideración, la expresión ingenua de los deseos populares”.

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