Los Incas

Los Incas

Fue el más sobresaliente pueblo precolombino de la América del sur. Cerca del fin del siglo XIV, el imperio comenzó a extenderse de su región inicial en la región de Cuzco hasta la región sur de las montañas Andinas de América del Sur, Norte de Chile y Sur de Colombia.

Los Incas organizaron un poderoso  imperio llamado  Tawantinsuyu, dividida en cuatro provincias o regiones: Chinchasuyu, Antisuyu, Constinsuyu y Collasuyo; de lengua  quechua,  que fue el idioma oficial y hablado en la mayoría de las comunidades hasta la llegada de los europeos; cuyo derrumbe se tuvo  debido a la presencia continuada y la imposición de éstos y su cultura, los cuales terminaron con más de 500 años de florecimiento y esplendor.

Los incas tuvieron su capital en Cuzco (Perú) y su régimen de gobierno era una monarquía hereditaria y absoluta (rey, príncipe o emperador), cuyo poder no tenía límites, se le consideraba hijo del dios sol. Los sacerdotes ocupaban un sitial importante ante la corte y lo consideraban miembro de la familia real, los viejos o ancianos eran mantenidos por el gobierno esta manera de contribuir el estado se llamaba totalitarismo.

. Los incas estuvieron socialmente dividido en tres clases: La nobleza, el pueblo y los yanaconas, que eran los criados de los grandes nobles del imperio dedicados a la ganadería, pesca, alfarería y construcciones.

La base de la organización social era el ayllu, o conjunto de familias con un antepasado común.

Su economía estaba organizada por la obligatoriedad del trabajo; y la característica esencial en la actividad económica era la agricultura: cultivaban papa, maíz, caraotas, yuca, algodón, patatas, coca, tabaco, el zapallo, camote, calabaza, pimiento,  etc. Usaban las técnicas de la irrigación y el abono de excrementos de animales, las orquídeas se cultivaban como medicina, además practicaban el uso de terrazas para evitar la erosión y empobrecimiento de las tierras de labor. También practicaron la ganadería de llamas, alpacas, vicuñas y otros y en el comercio el trueque.

La actividad religiosa, estaba centrada en el culto al sol, la luna y los fenómenos naturales; tenían ritos especiales paran venerar a los muertos; creían en el espíritu del bien y del mal. El máximo dios de los Incas fue Huiracocha, a la que no rendían culto en templos, sino a través de sus plegarias. El imperio impuso como religión oficial el culto al Inti el dios del sol, que era representado en forma de disco dorado con un rostro humano. Los ritos y ceremonias religiosas lo realizaban en templos dirigidos por los sacerdotes cuyos miembros se formaban en centros destinados para ejercer esta profesión. Rendían honor a Pacha-Mama.

Cultura: Sus construcciones eran a base de piedras perfectamente unidas y no utilizaban mezcla de ninguna clase. Fueron grandes constructores de puentes colgantes y caminos para unir pueblos conquistados por ellos.

Los incas no tuvieron escritura propiamente dicha. Su manera de escribir era el quipu, conjunto de cuerdas, unas largas principales, de las cuales colgaban otras más pequeñas; La combinación de nudos, tamaños y colores les servían para guardar memoria de ciertos hechos.

La cerámica, la poesía, la danza y la música, fueron las más resaltantes expresiones de su arte. Eran excelentes artesanos, elaboraron mascaras de oro, vasijas, textiles, cerámicas, zarcillos, joyas, trompetas, flautas, tambores, campanas y panderetas. Trabajaban la alfarería, sabían como fundir y trabajar metales, elaboraron muchos instrumentos como trompetas y campanas con materiales como el latón.

En cuanto a la arquitectura, construyeron templos, palacios, edificios imponentes como ciudades fortificadas, un modelo de las cuales es el Machu-Picchu que es la atracción de los turistas. Tuvieron correos que se desplazaban con gran celeridad por inmejorables carreteras cubiertas de baldosas de piedra que en red extensa, unian todo el imperio, desde el alto Perú (Al Altiplano) hasta Quito.

Esta civilización terminó brutalmente con la invasión española dirigida por Francisco Pizarro, en 1532.

En el momento de su rendición, el imperio controlaba una población estimada en 12 millones de habitantes, lo cual representaría hoy Perú, Ecuador y también una gran parte de Chile, Bolivia y Argentina.

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