La despenalización del aborto no puede esperar

Por: Luis R. Delgado J.

La discusión sobre la despenalización del aborto o interrupción voluntaria del embarazo, ha avanzado en los últimos años en diversos países latinoamericanos y caribeños debido a la alarmante cifra de mujeres que anualmente fallecen de forma trágica por la práctica de abortos clandestinos.

El tema del aborto puede ser abordado desde diversas perspectivas que luchan por su despenalización o por su mantenimiento en la ilegalidad. Es nuestra intención abordar hoy la problemática de la interrupción voluntaria del embarazo, como un problema ante todo de salud pública, que de no resolverse de forma expedita seguirá causando muertes innecesarias a miles de mujeres al año. Este fenómeno por ser clandestino en la mayoría de los países no se conoce a profundidad, pero es una de las causas más importantes de mortalidad y deformaciones físicas en las mujeres sobre todo las más jóvenes a nivel mundial.

Enfocar la problemática del aborto, como un tema de salud pública, nos permite deslindarnos de posiciones que abordan dicha problemática como éticamente buena o mala, no es nuestra intención emitir un juicio a este respecto, lo que si consideramos es que la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo es necesaria, más allá de las valoraciones morales que podamos defender. Entendemos que cada vez que se habla de este tema, nuestro corazoncito judeo-cristiano se estremece, una suerte de espiritualidad se hace de nosotros y nos nubla el juicio crítico frente a un fenómeno recurrente en las sociedades a nivel global.

Sin embargo, la existencia del aborto clandestino es una amenaza para la vida de miles de mujeres fundamentalmente jóvenes y pobres, ya que el mismo se practica en condiciones insalubres por no decir sumamente peligrosas, mientras que la mujer con recursos puede practicárselo en una clínica privada, en la cual será bien atendida porque pagará una importante suma de dinero.

Insistimos, se trata de una problemática grave de salud pública, que afecta sobre todo a los sectores más desposeídos y excluidos de la sociedad, ya que las mujeres de recursos con su doble moral, cuentan con el suficiente dinero para acceder a los servicios competentes pero clandestinos de una Clínica y el domingo siguiente ir a una misa, mientras que a la mujer adolescente pobre le toca meterse un gancho de ropa, una cabilla o unas cuantas citotep, poniendo en riesgo su vida y en el mejor de los casos atrofiando su aparato reproductivo. Estas ideas deben entenderse bien para estudiar el problema con toda su crudeza.

En este sentido, promover la despenalización del aborto no es apoyarlo ni mucho menos aplaudirlo, se trata simplemente de una respuesta a una problemática social que nos está matando a muchas mujeres anualmente, y la única solución es que el Estado este en capacidad de atender con calidad y gratuidad la interrupción voluntaria del embarazo. Esta política social debe venir acompañada de una educación sexual efectiva y eficiente por parte del sistema educativo, los medios de comunicación y la familia, a su vez esto debe combinarse con una distribución masiva, gratuita y permanente de mecanismos anticonceptivos para evitar los embarazos no deseados, sólo así se puede controlar el traumático fenómeno del aborto.

La necesidad de la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo, es ante todo un problema político y sociológico, el cual el Estado Laico (independiente de la tutela teológica y eclesiástica) venezolano debe darle una respuesta satisfactoria, ya que la postergación de esta reivindicación histórica de los movimientos revolucionarios y feministas, significa la pérdida innecesaria de más vidas que pudiesen ser salvadas.
La sociedad no puede seguir cerrando los ojos frente a este fenómeno bochornoso en pleno siglo XXI. Es inconcebible que la vida de miles de mujeres se exponga al peligro de la muerte, por los prejuicios de una sociedad hipócrita que se erige en defensora de la vida de los nonatos y una vez que estos nacen se desentienden de ellos, no les importa un comino la suerte que tendrá en su vida ese niño o niña, sino tiene hogar, si muere a los meses por falta de vacunas, si muere a los pocos años por el hambre, poco le importa a esta sociedad farisea.

Demás está decir que defender la vida humana pasa también por defender la vida de las mujeres.

¡Ni una muerta más!
¡Despenalización del aborto ya!

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