Hay que restearse con Chávez

Por: William E. Izarra.

En medio del estreno de Barak Obama como Presidente de los EE.UU., unido al
mediocre alto al fuego en Gaza, las guarimbas de los estudiantes opositores
al Proceso Revolucionario y la maquinaria mediática de los medios privados
en contra de la Enmienda, en medio de este escenario está Chávez.

Indudablemente que la Enmienda Constitucional no significa solamente la
reelección de los cargos de elección popular, es también la concreción de
dos elementos fundamentales inherentes a la esencia de la Revolución: (I) la
traslación revolucionaria y (II) el cambio de estructura.

La traslación se refiere a la transferencia del poder a las comunidades
organizadas. Es, en términos concretos, la materialización del poder
popular. La traslación permite que la toma de decisiones en el ámbito de las
políticas públicas recaiga en las asambleas de ciudadanos para ser
ejecutadas por los consejos comunales y demás expresiones populares
similares. La Traslación es entonces la comunidad organizada como estructura
básica para operacionalizar del socialismo.

Por su parte, el cambio de estructura es la transformación desde sus raíces
de todo el sistema político vigente. Es darle un vuelco a la pirámide del
poder. La vigencia de las cúpulas cede su espacio a la base de sustento, es
decir, al pueblo por vía de las comunidades organizadas. El cambio de
estructura viabiliza la producción socialista y la creación de ese sector
productivo de manera independiente tanto del Estado como del sector privado.
El cambio de estructura es el establecimiento de nuevos paradigmas que
inducen a todas las instancias de intermediación social, a convertirse en
componentes políticos subordinados al poder de las comunidades organizadas.
A propósito de esta determinación cito, por ejemplo, el rol del PSUV que
bajo los postulados del socialismo debe someterse a las decisiones de la
comunidad para contribuir a su emancipación. Por eso creo que, una vez
obtenido el triunfo de la enmienda, se revise el rol que cumple actualmente
y se reajuste a los principios socialistas dentro del marco del Bien Común y
la humildad política.

Por lo tanto, enmienda significa avanzar de manera acelerada en la toma de
espacios orgánicos, políticos y sociales, para profundizar y consolidar el
socialismo en Venezuela. Resulta entonces que la Enmienda es un componente
estructural del Proceso Revolucionario. Y es aquí donde tiene que jugar un
rol de primer orden Hugo Chávez: garantizar la continuidad del proceso para
la creación y desarrollo de esta nueva sociedad y perseverar en la lucha
contra el imperialismo. Con él rompemos el paradigma del modelo imperialista
impuesto por los intereses más poderosos de los EE.UU., cuyo basamento es la
democracia representativa. Con Chávez alcanzaremos tanto la traslación
revolucionaria como el cambio de estructura.

Además, cuando observamos el escenario de la Enmienda y vemos los ataques
intencionalmente aniquiladores del Proceso por la oposición
desestabilizadora, sumados a los calificativos aislacionistas que hace el nuevo mandatario
norteamericano acerca del Presidente Chávez, la respuesta de quien lucha con
valores auténticamente revolucionarios es darle más fuerza a Chávez como
símbolo de los cambios radicales para establecer la nueva sociedad. El
escenario político de hoy es muy claro: hay que restearse con Chávez.

 

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